lunes, 11 de mayo de 2009

El Tratamiento Periodístico del Proceso Electoral

La crónica periodística es una narración.
Para ser atractiva lo más fácil es apelar a elementos atractivos, condimentos que la sazonen.
Pero muchas veces esto puede desvirtuar el relato.
Con la intención de lograr más lectores se puede estar traicionando la verdad.
Un candidato estrafalario o singular, que no mide en las encuestas, puede distorsionar la percepción que el lector tiene sobre el proceso electoral.
Uno escribe para llamar la atención acerca de la importancia de algo y puede terminar ridiculizándolo. Tomarse a risa el fenómeno democrático puede terminar afectando al régimen republicano, quitándole legitimidad.
El desafío es encontrar una nota que, bien escrita e ilustrada, refleje el marco estructural. Un suceso particular puede ayudar a entender un contexto en el que se desenvuelve.
Es muy natural que una narración caiga en el reduccionismo o en el agigantamiento de un dato. Porque lo que procura es persuadir respecto de algo que ha sido soslayado o exagerado en otros relatos.
El ciudadano que consume medios debe poder acceder a la exhaustividad de la oferta electoral; comprender las dimensiones nacional, provincial y nacional; identificar las categorías que se eligen, y conocer la totalidad de quienes se postulan. En una infografía, con artículos de apoyo. Habrá notas coloridas, pero es deseable que no sean las que predominen, puesto que ésas suelen favorecer a unos y perjudicar a otros pero no aportar elementos significativos para elegir.
No me refiero a enumerar. Hay en juego personas candidateadas que tienen una trayectoria, valores y principios de acción comprobables mediante testimonios; lo hacen para un cargo que tiene una serie de exigencias para las que el fulano debe ser idóneo o capacitado, lo que surgirá de su experiencia personal; hay lealtades territoriales deben ser acreditables con el comportamiento legislativo o ejecutivo pasado o con actitudes que reflejen su nivel de compromiso con esas patrias; deben presentar propuestas más o menos sólidamente formuladas, con equipos técnicos mejor o peor preparados para hacerlo, y hay partidos políticos que tienen una línea de conducta medible y comparable con las expectativas que genera un postulante.
Es menester cuidarse del discurso crítico de los candidatos. Pueden presentar títulos atractivos mas esconder carencias propositivas.
También es importante medir el apego a la verdad de los vendedores de esperanza. Esto es fundamental para la construcción de los consensos democráticos. Los medios pueden honrar el valor de la palabra y desterrar a la hipocresía y la vanidad, que conspiran contra el bien comun.
Lo bizarro y lo exótico, tan fáciles de contar, por más que aparezcan atractivos, son escencialmente minitoriarios.
Hay que saber construir una agenda y revisar su cumplimiento. Tal vez no sea algo divertido, pero si importante. Eso atraerá el interés de los lectores, de la audiencia.
Un buen título no debe victimizar a la realidad.+

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