miércoles, 13 de mayo de 2009

Nuevas tendencias ideológicas

Dicen que se acabaron las ideologías.
Pero a mí me parece que cambiaron los problemas y, consecuentemente, se proyectan nuevas soluciones.
Marxistas y liberales, izquierda y derecha, y conservadores y progresistas, son conceptos que pudieron ser análogos durante mucho tiempo, pero que hoy no significan lo mismo.
Mucho se ha discutido acerca de la propiedad de los medios de producción. Era una complejidad que surgía como consecuencia de de la Revolución Industrial que, a su vez, tgenía mucha relación con la Francesa. Izquierda y derecha son términos derivados accidentalmente de esta última.
En cambio, conservadores y progresistas dividen a quienes quieren que se mantenga o que cambie una situación establecida, respectivamente. Si el cambio invierte el orden social por completo estamos frente a un proceso revolucionario, mientras que se trata de una reforma si solamente lo modifica parcialmente.
Durante el siglo XIX y XX pudimos ver la puja por el sistema monárquico, primero, y entre liberales y socialistas, después, hasta que éstos últimos derivaron en el marxismo. Pero estos sistemas de ideas ya no dan respuestas a los problemas de nuestro tiempo. Una serie de transformaciones han ido cambiando la fisonomía del Globo.
La economía cambió. Los servicios han desplazado a la producción industrial. Los sujetos económicos, las empresas, ya no son lo que parecen; al menos, las grandes corporaciones tienen poco en comun con las pymes.
El poder político tiene otra dinámica. La democracia se ha vuelto hegemónica de la mano del imperio norteamericano y los estados nacionales se han ido convirtiendo de a poco en continentales. Es que la concentración económica creó organizaciones más grandes que las de los propios Estados. Los problemas que enfrenta la humanidad se tornaron inmanejables para los Estados de dimensión nacional.
La tecnología de la información mudó y las telecomunicaciones aceleraron a tal punto los intercambios que no llegamos a elaborar un interrogante preciso que enseguida se disparan las respuestas.
El proceso de conocimiento se complicó por la imposibilidad de procesar correctamente todo ese volumen de información. Estamos en un período de modificaciones estructurales, que afectaron la cultura del hombre (entendiendo por cultura la forma de vivir del hombre; la relación con su entorno y el modo en que lo modifica).
La mediatez de las relaciones, afectada por las telecomunicaciones, vació de contenido al vínculo humano. La consecuente inmediatez temporal de quienes están físicamente distantes produjo un aceleramiento en materia de productividad, que impuso al hombre una hiperactividad.
De tanto mirar a su alrededor, olvidó elevar sus ojos hacia el cielo. Esta pérdida de perspectiva llevó al hombre a una nueva disyuntiva. Se puso a sí mismo en el centro del Universo. A un solo individuo, a uno mismo, no a toda la Humanidad. Dicho de otra forma, muchos han olvidado la clave de la felicidad, de la vida plena, intensa, y han optado por una vida ensimismada y obsesiva.
El conocimiento se desarrolló tanto que llegó a modificar los plazos y las condiciones de la vida. Pero ha olvidado reflexionar sobre el verdadero sentido de la vida. A su merced, aumentó la natalidad y la expectativa de vida; mejoró la medicina e, incluso, encontró algunas claves que rigen biológicamente a los organismos. Estos adelantos que trajeron consigo nuevos interrogantes. Los nuevos problemas son el aborto, la anticoncepción, la eutanasia, la clonación, la ecología, la salud, la educación, el trabajo, la dignidad humana, la trascendencia, la fe.
La sociedad ha perdido mucho en calidad de vida. La vida urbana, el castigado medio ambiente y las adicciones deterioran la vida.
La inseguridad, lisa y llanamente, la pone en duda y la desprecia.
El debilitamiento de la familia, como célula básica de la sociedad, desprotege a la niñez y a la ancianidad. La desatención de la minoridad, en general, es un suicidio colectivo. La pérdida de prestigio social de la maternidad es un mal síntoma en ese sentido. La mujer como madre ha perdido prestigio frente a la mujer en su rol de trabajadora, que busca descender a un plano de igualdad social con el hombre y se ve obligada a realizar tareas menos estratégicas para la evolución de la humanidad; ¿no es fundamental la preservación de la especie? Para colmo, hay quienes intentan equiparar a los matrimonios homosexuales, cerrados a la vida por naturaleza, con los heterosexuales.
Ni qué decir de la creciente marginalidad social, de la indigencia, de la exclusión. Al igual que en su relación con el entorno, el hombre prefiere acumular riquezas materiales por sobre el futuro de la humanidad. Es el auge de una cultura de muerte, que desafía a la vida.
Las víctimas de esta alineación se convierten en militantes del relativismo y del libertinaje, del consumismo y de la concuspiscencia. Las huestes del hedonismo desfilan, noche tras noche, delante de nuestros hogares, blandiendo imágenes de su propio deceso y el de la humanidad en su totalidad.
Curiosamente, la vida se reunió en las grandes urbes alejándose de su habitat natural hasta tornarla en artificial, y facilitar el éxito de una batalla que se realiza por amor propio, por la defensa del interés particular y sin grandeza alguna. La vida retrocede masivamente día tras día.
Este es, a mi juicio, el nuevo desafío: o se está con la vida o se promueve la muerte.+

3 comentarios:

Marcos Francisco Roca dijo...

Muy buen articulo a sobre las ieologias clasicase en el mundo de hoy

Marcos roca antequera dijo...

De tanto mirar a su alrededor, olvidó elevar sus ojos hacia el cielo. Esta pérdida de perspectiva llevó al hombre a una nueva disyuntiva. Se puso a sí mismo en el centro del Universo. A un solo individuo, a uno mismo, no a toda la Humanidad. Dicho de otra forma, muchos han olvidado la clave de la felicidad, de la vida plena, intensa, y han optado por una vida ensimismada y obsesiva.

Hecho y Derecho dijo...

Extraordinario, Marcos! Hay una canción de Vivencia con dos versos que me quedaron grabados: "que sin querer no has visto el cielo/tus ojos viven de recuerdos", que trabaja la misma alegoría.