miércoles, 2 de noviembre de 2011

Carta de un militar


La presidente reelecta, una oportunidad única para la unión de los Argentinos
Estimada Sra. Presidente:
                        En razón de que acaba Ud. de demostrar que su Gobierno interpreta y satisface las necesidades de la mayoría de los Argentinos, además de hacerle llegar mi reconocimiento, he sentido la enorme y profunda necesidad de pedirle por este medio, extienda en esta oportunidad su reciente mensaje y llamado al acuerdo Nacional, a esta parte de la sociedad que conformamos los que trabajamos alguna vez bajo bandera.
En mi caso, han pasado ya 18 años desde mi retiro del Ejercito con el grado de Capitán a los 33 años, oportunidad en la cual sentí que no podía proseguir en la Fuerza, debiendo salir a buscar un nuevo sustento para poder mantener a mi familia (esposa y cuatro hijos hasta entonces).
Yo egresé como Subteniente en diciembre de 1981, cuatro meses antes del inicio de la guerra contra el Imperio Británico. Durante el conflicto estuve destinado en Puerto Deseado, el lugar del continente más cercano a Malvinas; sitio tan lejano como cálido que nunca olvide. Por mis actuales 52 años y este renglón de biografía que he anticipado, puede Ud. comprender que no me da la edad para haber participado en la última de las guerras internas sufridas en nuestro país desde su nacimiento. Sin embargo, en mi caso si he estado involucrado, puesto que yo tenía 15 años cuando mi padre estaba destinado en el Regimiento de Formosa, en ocasión de aquel ataque guerrillero que quebrara la vida de doce argentinos inocentes que revistaban en ese cuartel (entre ellos diez humildes soldados lugareños). Recuerdo que hacía poco yo había conocido al Subteniente Masaferro. El se había recibido hacia unos meses con apenas 20 años. Recuerdo que jugamos un rato a la paleta y después, coca cola de por medio, charlamos un poco de la vida (como se habla de la vida a esa edad, claro está). Me había llamado la atención su intento de bigote, y hoy pienso que en aquel entonces, él también era un chico como yo.
También me ocurrió que a los 15 y 16 años, siendo cadete del Liceo Belgrano de Santa Fe, participé en la formación de despedida de dos oficiales asesinados a la salida de sus casas. Allí pude ver a los hijos y esposa del Mayor López, y en la segunda ocasión a la esposa del Tte. Gambande, quien llevaba a cuestas su panza de varios meses.
Entonces, a partir de allí, nada fue igual para nosotros -mi familia, mis compañeros- y creo que tampoco lo fue para muchos argentinos. Recuerdo además que ante las amenazas de muerte distribuidas en panfletos en la ciudad de Formosa días después del ataque, yo con apenas 15 años y estando de vacaciones acompañaba a mi mamá al centro de la ciudad con un revolver escondido bajo un almohadón del Citroën 3CV.  Mientas el auto se movía, yo miraba lo que podía por los espejos retrovisores y otro poco girando mi cabeza con disimulo. Es que estaba dispuesto a defender a mi mamá y a mi hermana en el caso en que intentaran cumplir con la promesa de venganza anunciada.
Fue en aquellos días que empezamos a dejar un corredor libre de muebles alrededor de todas las ventanas de la casa, pues debíamos poder defendernos de un ataque que llegara desde cualquier dirección.
Algunas noches, al recibir la guardia apostada disparos desde el monte lindero, se iniciaban tiroteos prolongados, que seguramente por el temor y el sentimiento de lucha, costaba mucho parar. Yo entonces me decía: ”pensar que allí afuera hay alguien que nos quiere matar a todos y ni siquiera nos conoce... si nos conociera no lo haría”. Claro, mi padre era militar y Profesor de Educación Física en varios colegios de la Ciudad, y por cierto muy respetado y querido; mientras que mi madre era preceptora en el Colegio Nacional y, según tengo entendido, adorada por los estudiantes de aquella época.
En mis 15 años de servicio he conocido y podido valorar a muchas personas de bien, que estando en el Ejercito, como ha de pasar en las demás FFAA, han tenido que vivir y han tenido que participar en alguna medida en esta guerra que por aquel entonces se generó en casi todo el continente como efecto colateral de la guerra fría. Es que Estados Unidos propiciaba Gobiernos Militares en América para frenar el avance del Comunismo, mientras que el Comunismo, liderado desde la URSS, promovía la formación de agrupaciones armadas para oponérsele. La guerra era fría pero parece que solo para ellos.
Y es por ello, y por si fuera cierto que hoy existen cerca de 1.150 detenidos sin condena, a los cuales se les renueva el plazo de detención con nuevas y sucesivas causas que permiten que lleguen a morir detenidos -ya van más de cincuenta- aunque sin condena, que le pido a Ud. Encarecidamente, Sra. Presidente, que convoque a una unión definitiva del pueblo en donde se nos incluya. Sólo necesitamos que se desaliente cualquier acción de revanchismo o injusticia. Solo con lograr que se respete lo que en el común de los ciudadanos se respeta; sólo con eso, volveremos a tener la grandeza de los pueblos justos y unidos, en los cuales la venganza solo sobrevive en el ámbito de los mafiosos.
Si Ud. promueve esta unión, 20.000 familiares de detenidos eternos respiraran otra vez sintiéndose en su patria, y todos los integrantes de las Fuerzas Armadas sentirán que son nuevamente parte de esta noble y bendita tierra. También habrá paz para los familiares de los muertos por la acción terrorista, que no son pocos.
¿Sabe Ud. Sra. Presidente porque yo me retiré? Porque sentí claramente que la sociedad ya no nos quería. Entonces pensé: no puedo ser guardia de quien no quiere tener guardia y que además siente desprecio por él.
A dieciocho años de mi retiro, mi herida sigue abierta, y aunque uso barba y ya no me visto con uniforme, en el fondo, aun no me siento incluído… y sé que Ud. puede imaginarse cuanto duele esto a diario.
Que Dios la bendiga y le de fuerza y temple para unirnos de una buena vez… ¿quién lo hará, sino una madre?
Me estoy imaginando a Ud. abrazando a una madre que perdió a su hijo, a una hija que perdió a su padre o a una viuda ya abuela que aun extraña a su marido, confraternizando en su dolor, preguntándole desde el corazón sobre cómo están… y qué puede hacer la Nación por ellos.
Fabián Esteban Sotelo
Capitán E. A. (RE)
13.839.579

martes, 1 de noviembre de 2011

Los indignados quieren más política

Muy interesante el inicio de una serie de entrevistas del diario El País de España a filósofos europeos para abordar el problema de la crisis.
En esta edición aparece el italiano Paolo Flores d'Arcais, con una serie de conceptos. Rescato tres:
+ los indignados quieren más y no menos política;
+ se expresan contra la profesionalización de la política, a la que critica duramente, y
+ hace falta reinventar el parlamentarismo y corregir los problemas del sistema de partidos.+