lunes, 8 de octubre de 2012

Defensa y Seguridad


Una nota publicada en Página 12 de hoy, Los Nuevos Desafíos, por Horacio Verbitsky, es la única mención  en los diarios respecto de la Conferencia de Ministros de Defensa de América, que se realizará desde hoy en Punta del Este.
La agenda, según esa fuente, girará en torno de los desastres naturales, el medio ambiente y la biodiversidad.
Más allá de la agenda, el columnista asegura que el enfoque norteamericano es diametralmente opuesto al de las políticas de Estado consensuadas en nuestro país desde el retorno de la democracia respecto de las misiones de paz, la vigencia del Sistema Interamericano de Defensa y la distinción entre defensa y seguridad. Hasta cierto punto tiene razón.
La total interoperabilidad de nuestro sistema de defensa con el norteamericano podría ser ahora materia discutible, debido al desarrollo de un proyecto regional que puede o no entrar en colisión con aquél. De hecho la reividicación de Malvinas por parte de la Unasur hace foco en la desmilitarización del Atlántico Sur, que está ocupada en la actualidad por el principal aliado internacional de los Estados Unidos: el Reino Unido, que podría actuar como comisario en el Atlántico Sur e interferir en las relaciones Sur-Sur. Ahí hay un punto.
Pero la necesidad de la separación entre defensa y seguridad es cada vez más relativa. Enumero algunas razones:
+ Las llamadas "nuevas amenazas" -básicamente el terrorismo urbano y el narcotráfico- derivaraon en el fortalecimiento de las capacidades de las fuerzas de seguridad que, dicho sea de paso, nunca estuvieron muy reñidas con la democracia.
+ Pero la dimensión que estas extrañas neocorporaciones pueden adquirir podrían llegar a superar a las capacidades de las fuerzas de seguridad. Ese sería el momento de recurrir a las Fuerzas Armadas.
+ Pero la potencia militar ha quedado muy reducida. Este es un proceso que no empezó en el siglo XXI sino que el debilitamiento del factor militar es parte del proceso político que vivió el país. Especialmente, dada la concordia reinante entre los pueblos regionales y el evidente desarme que exige la diplomacia por las Malvinas.
+ En consecuencia, pasados muchos años desde el retorno de la democracia y con un proceso regional como el referido, tal vez haya llegado el momento de transitar un nuevo camino.
+ Por otra parte, a esta altura de las circunstancias, esta nueva oficialidad militar tiene muchos conocimientos y hasta experiencias que transferir a las fuerzas de seguridad. Claramente, esta no puede ser una política unilateral. La historia argentina es elocuente en esta materia. Hace falta un consenso amplio. Acuerdos políticos, nacionales y regionales.
Un proceso de 25 años no es poca cosa. Menos en la Argentina. Habría que, por lo menos, revisarlo.+