lunes, 8 de abril de 2013

Política Militar

No hay que confundir a los crímenes contra los derechos humanos con la defensa del Estado de Derecho.
No es la primera vez que sucede, ni mucho menos la segunda.
Cuando no se honra al Ejército -a las Fuerzas Armadas o mismo a las de Seguridad- como instrumentos del monopolio legítimo de la defensa y la seguridad de los ciudadanos de la Nación, o cuando la ignorancia es agitada desde la opinión pública, se imponen este tipo de desatinos.
Ciertamente, hubo un tiempo en que fue menester someter a las Fuerzas Armadas bajo el imperio del poder civil, de la política. Eso justificó que, durante muchos años, haya sido necesario separar a los militares de la seguridad ciudadana.
Hay que empezar a repensar las funciones estatales desde las finalidades que justifican su existencia. Caso contrario, serían un gasto superfluo inadmisible. Si existen, que cumplan su rol y, en tal caso, que lo dignifiquen y los dignifique.
Hay una política de Defensa, que es política de Estado, y que se desarrolla desde hace varios lustros. Pero la política militar del maltrato y del zamarreo debe terminar. Los militares son sujetos fundamentales de la defensa nacional. No son los únicos, pero son pilares básicos de la misma. Desconocerlos o deshonrarlos es escupir al cielo.+