jueves, 24 de julio de 2014

La izquierda debe reinventarse

Manuel Valls: “La izquierda puede morir si no se reinventa y renuncia al progreso”

El primer ministro francés asegura en una entrevista a EL PAÍS que no se detendrá en la aplicación de sus polémicas reformas que no hizo la derecha "por falta de coraje"



Manuel Valls, primer ministro de Francia entrevistado para El Pais / ERIC HADJ (EL PAÍS)
Manuel Valls  (Barcelona, 1962), primer ministro de Francia desde marzo, de visita oficial a España este miércoles, asegura en esta entrevista que su país está “bloqueado” por la “falta de coraje” de otros dirigentes anteriores que no se atrevieron a hacer reformas profundas, pero que su misión consiste en hacerlas ahora pese a las resistencias de “corporativismos y rentistas” y del ala más izquierdista de su propio Partido Socialista. Exministro del Interior (2012-2014) y exalcalde de Évry (2001-2012), asume que la globalización ha originado una crisis en toda la izquierda europea, que “puede morir si renuncia a gobernar, si renuncia al progreso”. La entrevista, de 75 minutos, se celebró el lunes en su despacho oficial, en la planta primera del palacete de Matignon. Muestra su ordenada mesa de trabajo y cuenta que la utilizó Léon Blum, el mítico líder socialista  que fue primer ministro y presidente en los años 30 y 40 del pasado siglo. Solo en esos minutos más relajados Valls utiliza el castellano para mostrar con orgullo dos cuadros que adornan su despacho y que fueron pintados por su padre, Xavier Valls, fallecido en 2006.
Pregunta. Los grandes países de la UE han hecho ya importantes reformas. Francia, no. ¿Por qué este retraso?
Respuesta. Porque a los responsables políticos les ha faltado coraje. Un ejemplo: no hemos tenido un presupuesto equilibrado desde hace más de 30 años. Hay que poner a Francia en movimiento, reformar. No es fácil, porque hay bloqueos, corporativismos, pero Francia y los franceses están dispuestos a afrontar las reformas necesarias: reducción del déficit, apoyo a la competitividad de las empresas, reformas del Estado, reforma territorial, transición energética. Nombrándome primer ministro, [el presidente de la República] François Hollande  ha querido abrir una nueva etapa en el quinquenio. No podemos perder un instante.
P. El economista Jacques Attali  dice que las resistencias se deben a que Francia está llena de corporativismos, como usted dice, y de rentistas.
R. Por eso preparamos una ley contra los monopolios y a favor del crecimiento y el poder adquisitivo. Nuestra economía se encuentra a menudo paralizada. Y desde hace mucho tiempo no hemos tenido una inversión sostenida. Por eso, lanzamos el Pacto de Responsabilidad, que pone en movimiento todas las energías de este país. Solo tenemos un objetivo: el crecimiento y el empleo.
P. También hay resistencias en la izquierda, los sindicatos o el propio Partido Socialista. Argumentan que ese pacto incluye demasiadas ventajas para las empresas y escasas para los asalariados.

"Los presupuestos de Francia no han sido equilibrados desde hace 30 años"
R. Hay un debate. Es normal. Pero el debate no debe frenar la reforma. Nuestras opciones económicas están adaptadas a la situación actual. La recuperación empieza a sentirse en Europa, también en Francia , pero es muy débil. Tenemos que reaccionar en tres direcciones: reforzando nuestra economía y su capacidad de invertir con 40.000 millones de reducciones de impuestos a las empresas y una rebaja del coste laboral. Nunca se había visto esto. Es necesario también simplificar la vida de las empresas para que nuestra economía reaccione. Segundo objetivo: reducir el déficit público con 50.000 millones de ahorro en tres años. Y tercer objetivo: no frenar la recuperación económica a corto plazo. Esto pasa por el apoyo al poder adquisitivo y, sobre todo, en el caso de los hogares más modestos. Esta es la gran diferencia con lo que ha ocurrido en otros países, donde las reformas han sido muy duras para la gente . Hemos preferido bajar este otoño los impuestos a 3,7 millones de hogares y elevaremos en 500 euros anuales el salario mínimo a partir del 1 de enero.
P. Usted sostiene que es un programa de izquierdas.
R. Sí, es un programa de una izquierda que funciona. Pero a los franceses no les interesa saber si es de izquierdas o derechas. Quieren pragmatismo. Asumimos nuestras opciones presupuestarias: reducir el déficit a la vez que mantenemos nuestras prioridades con 60.000 empleos nuevos en cinco años en la Educación nacional; empleos suplementarios en la policía, la gerdarmería o la justicia, a la vez que mantenemos la investigación y las universidades. Pocos países han seguido esta senda equilibrada.
P. Hace un mes aseguró que no será primer ministro de un Gobierno que no avance. ¿Hay una amenaza latente de dimisión?
R. No. El momento que vivimos es histórico para el destino de Francia. El país atraviesa una crisis económica y social profunda, y también una crisis de confianza. Lo hemos visto en las últimas elecciones municipales y europeas, marcadas por la abstención y el fuerte apoyo al Frente Nacional . Francia sufre también una crisis de identidad. Los franceses se preguntan sobre el papel de Francia en Europa, sobre su lugar en la mundialización, sobre lo que significa ser hoy francés.
P. ¿Cuál sería su mensaje a los diputados rebeldes que no han apoyado una de las leyes reformistas este mismo mes?

"El país atraviesa una crisis económica, social, de confianza, de identidad"
R. Me gustaría dirigir un mensaje al conjunto de las fuerzas políticas y sociales de mi país. Es una llamada a la lucidez y a la responsabilidad, porque es tiempo de avanzar: nuestro país lo ha hecho demasiado tarde y, en tres meses, ya hemos logrado muchas cosas. Se han votado ya textos financieros, hemos avanzado en la reforma territorial, que reduce de 22 a 13 el número de regiones . Y hemos hecho la reforma ferroviaria. Asumimos el ejercicio de las responsabilidades.
P. ¿A qué se refiere cuando dice que la izquierda francesa está en peligro de desaparecer?
R. La izquierda reformista, socialdemócrata, tiene ante sí verdaderos desafíos en toda Europa, en particular los efectos de la globalización o de la crisis del Estado de bienestar . En un mundo que cambia, no siempre hemos sabido encontrar las respuestas adecuadas. Pero los valores siguen ahí: la indignación ante la pobreza, las desigualdades. Por eso, la izquierda puede morir si no se reinventa, si renuncia a gobernar, a participar en la construcción europea, si renuncia al progreso. A un progreso económico, social, educativo, energético. Tengo, sobre todo, esta convicción: la izquierda no es nunca tan fuerte como cuando se dirige a todos, y no solo a una parte de la población.
P. ¿Hay peligro de ruptura en la izquierda francesa?
R. Siempre ha habido ese riesgo de ruptura, de escisión. Desde hace un siglo. Estamos al final de un ciclo político, del ciclo que inició François Mitterrand en 1971.


Manuel Valls, primer ministro de Francia, entrevistado para El Pais / ERIC HADJ (EL PAÍS)
P. ¿Ha emprendido el PSF un nuevo ciclo social-liberal?
R. Lo digo una vez más: los franceses no se interesan por las etiquetas. El eterno mensaje de la izquierda es el progreso. La izquierda debe hacer avanzar a la sociedad. Llamemos a las cosas como queramos, pero sí, nosotros estamos en el proceso de reinventar una respuesta de izquierdas a los desafíos del presente. Mis referencias políticas han sido Michel Rocard, Willy Brandt, Olof Palme, Felipe González , porque ellos asumían plenamente el ejercicio del poder. Nosotros también tenemos que avanzar con la verdad, con velocidad y con voluntad. Esa es la izquierda que funciona.
P. Hollande  ha dicho que algún país ha conseguido resultados a un precio demasiado alto. ¿Cuál es el precio que Francia no está dispuesta a pagar?
R. El que cuestiona nuestro modelo social. En contra de lo que ocurría en Alemania , Francia, con la derecha en el poder, no hizo las reformas estructurales necesarias. La competitividad de nuestra economía se resintió gravemente. Las reformas que no se hicieron entonces y las tenemos que hacer ahora nosotros.
P. ¿Ha llegado el momento de que Francia pese más en la UE?
R. Europa necesita que Francia se fortalezca. Y Francia, como España , necesita una Europa más fuerte que responda a las aspiraciones de los pueblos con más crecimiento y empleo. Si los dirigentes europeos no comprenden el aumento del populismo, del escepticismo ante las instituciones europeas, ese fantástico proyecto que es Europa fracasará.
P. Pero Bruselas tiene bajo vigilancia a Francia por sus elevados déficits y deuda.

"Alemania ha comprendido que deben estar atentos a lo que decimos Francia e Italia"
R. Francia se vigila a sí misma. El mes pasado, y a iniciativa de François Hollande, los líderes europeos de izquierda nos reunimos en París y decidimos que con la presidencia italiana de la UE se debe abrir una nueva etapa. Necesitamos que elBanco Central Europeo  (BCE) reaccione para luchar contra un euro demasiado caro. Hay que salir de una visión estrecha del Pacto de Estabilidad  aunque más flexibilidad no significa renunciar a los esfuerzos para rebajar las deudas. Es imperativo prepararnos para el futuro. La propuesta de Jean-Claude Juncker de poner sobre la mesa 300.000 millones de euros en tres años me parece que tiene sentido.
P. ¿Está Francia en mejores condiciones de exigir eso después de adoptar las reformas?
R. Si queremos ser creíbles en las propuestas a la UE sobre crecimiento, inversión, empleo o competitividad, debemos demostrar que también hacemos esfuerzos. Nuestros amigos alemanes han comprendido que Francia e Italia no pueden entrar en dificultades, que deben estar atentos a lo que decimos ambos países.
P. ¿Por qué es Juncker el mejor para presidir la Comisión ?
R. Nosotros hicimos campaña por los socialistas, pero también hemos defendido una Europa más democrática. El PPE ha sacado más votos en las elecciones , y le corresponde presidir la Comisión. Más allá de las personas, lo que cuenta son las orientaciones y creo que nuestras propuestas a favor del crecimiento, empleo, investigación y transición energética han sido atendidas.
P. Dice usted que Francia es un país bloqueado, arrinconado. ¿Ha influido eso en que el Frente Nacional  haya logrado unos resultados tan espectaculares en las últimas elecciones europeas?
R. Yo no diría espectaculares. Diría inquietantes. Nací en Barcelona , aunque siempre he vivido en Francia. Mi lengua materna y paterna es el catalán. Después, el español y el italiano. Aprendí francés gracias a mis padres y a la escuela republicana. Me naturalicé francés a los 20 años. Lo dije en mi investidura como primer ministro: Francia es un país único en el que un ciudadano nacido en otro país puede ocupar puestos de gran responsabilidad.


El primer ministro de Francia entrevistado para El Pais / ERIC HADJ (EL PAÍS)
P. Como también la alcaldesa de París.
R. Efectivamente. Los españoles están tomando el poder (bromea). Esto es Francia. Y tanto la derecha como la izquierda nos hemos olvidado de hablar de Francia. Nos hemos olvidado de hablar de la patria, de la República, de la nación. A menudo, hemos dejado esos conceptos a laextrema derecha . Ahora debemos reafirmar la fuerza de nuestro ideal republicano. Eso pasa por el fortalecimiento del Estado, que debe proteger a todos los ciudadanos, sobre todo, de cara a ese miedo de ser los perdedores de la mundialización. Es necesario reinvertir en educación, que debe reducir las desigualdades y también luchar contra la discriminación que afecta a una parte de la juventud, y no solo en los barrios populares. Si no lo hacemos, Francia corre el riesgo de fracturarse.
P. Francia siempre ha sido un país de acogida, pero recientemente se están registrando demasiadas tensiones: projudíos contra propalestinos, desmantelamiento de campamentos de gitanos.

"Mis referencias políticas son Rocard, Brandt, Olof Palme y Felipe González"
R. El modelo republicano es cuestionado desde hace 30 años. Se pone en duda la laicidad. Asistimos también al aumento de las reivindicaciones de comunidades sociales. Cuando vemos que hay jóvenes capaces de viajar a Siria para combatir, es la prueba de que algunas cosas no funcionan. El antisemitismo  y el racismo, en una sociedad en crisis, se han recrudecido. Frente a esto, es necesaria la mayor de las intransigencias. Atacar sinagogas o gritar en la calle consignas de odio a los judíos son actos inadmisibles. Necesitamos reconstruir el tejido social, recordar nuestros principios republicanos, empezando por la laicidad, que es la mejor definición de convivencia.
P. ¿Qué mensaje va a transmitir a Mariano Rajoy ?
R. Tenemos una muy buena relación con España, sobre todo en el terreno económico, a pesar de los problemas de ambos países. Compartimos la exigencia de relanzar el proyecto europeo. Luchamos contra el terrorismo yihadista y contra el de ETA . Es una relación excepcional. Se lo he dicho también al Rey. Tenemos que desarrollar y profundizar nuestras relaciones en diversos campos.
P. El escollo pendiente son las interconexiones energéticas. ¿Falta dinero o voluntad política?
R. Ambas cosas. Abordaré este tema con Rajoy , porque debemos avanzar en este asunto.

¿Cataluña? "Todo lo que une, fortalece; todo lo que divide, debilita"
P. ¿Cómo observa el proceso independentista catalán ?
R. No me corresponde interferir en el debate español. Solo diré que en la coyuntura que atravesamos en Europa, todo lo que une, refuerza y todo lo que divide, debilita. Y Europa necesita más que nunca la fuerza, la unidad y la coherencia. Como socios y vecinos, deseamos una España fuerte y estable.
P. ¿Ha recibido alguna vez algún mensaje de las autoridades catalanas?
R. No. Nunca.

martes, 15 de julio de 2014

La modernidad de Foucault

Martes 08 de julio de 2014

Michel Foucault: siete conceptos para comprender la vigencia de su legado

Se cumplieron 30 años de la muerte del pensador francés cuya obra cambió la forma de ver el mundo; su llama intelectual deslumbró entre mediados de los 60 y de los 80; la Modernidad, el gran tema

Por Diana Fernández Irusta  | LANACION.com

Prefería que no lo llamaran filósofo. "Lo que hago es la historia de la manera en que las cosas se problematizan; es decir, la manera en que las cosas se vuelven problemas", sostenía Michel Foucault, profesor en universidades norteamericanas y francesas, catedrático del Collège de France y, por sobre todo, autor de textos cuya lectura obra un milagro escaso en estos tiempos: la percepción de que, tras haberlos atravesado, será imposible mirar el mundo del mismo modo en que se lo miraba antes.

Como el singular espejo que Velázquez pintó en Las meninas -obra que Foucault analiza en Las palabras y las cosas-, el pensador francés "no dice nada de lo que ya se ha dicho"; más bien, indaga en lo que siempre estuvo pero nadie vio. Sus grandes objetos fueron la Modernidad y los sistemas de pensamiento que la hicieron posible. Sin embargo, en lugar de avanzar hacia el corazón de lo moderno, optó por la periferia. No se concentró en las grandes Luces o la Enciclopedia, sino en el oscuro y silenciado universo que por siglos se agitó en asilos, cárceles e internados de enfermos mentales. Para entender los modos del razonamiento occidental, buceó en los abismos de la sinrazón; para desmenuzar el sentido del sistema legal moderno, puso el foco en la cárcel. Y en las abigarradas superficies que trazaban registros, documentos y planillas burocráticas de los siglos XVII y XVIII, fue encontrando los otros hilos -los olvidados, denostados, apartados o ignorados- sobre los que ha venido descansando la trama de nuestras sociedades.

La llama intelectual de Foucault deslumbró, apasionó y dio batalla entre mediados de los sesenta y mediados de los ochenta. Precisamente, los años donde el proyecto moderno comenzaba a ser impugnado, mostraba algunas grietas y, aún sin desmoronarse, perdía algo de su desafiante vitalidad. A 30 años de la muerte de este pensador, cuando todo indica que estamos entrando en una nueva era -a la que aún nadie sabe muy bien qué nombre dar-, se extraña la desbordante ambición de quien arriesgó ideas inesperadas, incómodas por derecha y por izquierda, con las que se puede diferir, pero difícilmente permanecer indiferente. Moderno al fin, Michel Foucault se empeñó tanto en iluminar las zonas de sombra de lo social como en celebrar la desatada alegría del pensamiento.

EL UNIVERSO FOUCAULTIANO

Arqueología del saber. Además de ser el título del libro publicado por Foucault en 1969, el término alude a la esencia de su metodología de trabajo: la idea de que, aunque muchos nos parezcan naturales o evidentes, no existen saberes o discursos que no sean fruto de determinadas condiciones de posibilidad (en otros términos, de determinadas prácticas sociales). Así como cada época "produce" lo que se puede decir o no, también podría decirse que cada época dispone dónde concentrar los esfuerzos de la investigación científica, de qué modo elaborar los sistemas de ideas, cómo establecer lo que merece ser conocido o, incluso, qué puede ser pensado y qué no. La "arqueología del saber" apunta a estas cuestiones: no aspira al gran relato histórico, sino que se concentra en determinados acontecimientos (la "invención" de la cárcel, por ejemplo), indaga en los documentos históricos, los organiza, vincula entre sí y observa cómo se fueron generando rupturas o cambios en los modos de pensar.

Microfísica del poder. A contramano de los discursos que imperaban en su tiempo (fundamentalmente en los aguerridos años 60 y 70), Foucault desterró la concepción del poder como algo único, superestructural, ubicado en la cima de la pirámide social, desde donde se ejercería presión hacia abajo. Para el francés, la cuestión no pasaba por el enfrentamiento entre dominantes y dominados, sino por las relaciones de fuerza múltiples. En su concepción, el poder es ubicuo, lábil y está presente en cada intersticio del entramado social. El Estado y los grupos más poderosos lo detentan, evidentemente, pero también se ejerce, de manera capilar, en instituciones, espacios productivos, organizaciones políticas, vínculos familiares, lazos íntimos. Asimismo, en La voluntad de saber, Foucault escribe: "Donde hay poder hay resistencia". Es decir, las relaciones de poder se entraman con resistencias también capilares, en una dinámica difícil de sistematizar.

Instituciones de encierro. En Vigilar y castigar, Foucault describe los pormenores del suplicio y descuartizamiento de un condenado en la París de 1757. Si los horrendos espectáculos que brindaban estos ajusticiamientos existían en función de un ejercicio, toma de posición y exhibición del poder monárquico, las cárceles, "invento" moderno que los terminará reemplazando, traen consigo una modalidad de castigo menos cruenta, pero más efectiva. Para la visión de Foucault, el dispositivo que subyace a la prisión no busca mostrar con gran despliegue aquello que le ocurrirá a quien se desvíe de la norma, sino que pretende inscribir (como la temible máquina de La colonia penitenciaria, de Kafka) la ley en el cuerpo -incluso en las almas-. "La prisión fue un invento que se expandió rápidamente a todos los ámbitos", asegura en una entrevista de los años 80. Esto quiere decir que el "formato" presupuesto por las cárceles, que incluía encierro, regulación de los horarios, rigor, disciplina, sistemas jerárquicos y normativas a la vestimenta, los modos de hablar, sentarse, caminar o dirigirse a los superiores, es el mismo que se encarnó en la institución escolar, asilos, hospitales e internados modernos.

Panóptico. A fines del siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham ideó un tipo de arquitectura carcelaria al que llamó "panóptico". Se basaba en una torre central, donde residían los guardias, rodeada de celdas individuales, cuyo interior era visible desde la torre. Los guardias tenían total acceso visual a las celdas, pero los prisioneros no podían ver el interior de la torre. Bentham consideraba que la posibilidad de ser permanentemente vigilados desarrollaría autocontrol y disciplina en los presidiarios. Aunque nunca se construyó un panóptico en sentido estricto, Foucault encontró los vestigios de esta concepción en documentos del siglo XVIII. El concepto le serviría para pensar los dispositivos de vigilancia presentes en todo tipo de instituciones, de la escuela a la fábrica.

Sociedad disciplinaria. Los hallazgos de Foucault implican una noticia incómoda: los dispositivos instaurados por las "instituciones de encierro punitivo" serían la matriz de las mayores conquistas del proyecto moderno. Sólo cuerpos y mentes (en todo caso, subjetividades) altamente disciplinados podrían generar los elevados niveles de productividad, concentración, aceptación de las normativas y pensamiento metódico requeridos por las sociedades occidentales, tanto en sus versiones capitalistas como socialistas.

Poder-saber. Foucault postula que la dinámica del poder en la modernidad también se articula con un saber muy específico: el que se obtiene a partir de la observación puntillosa, el seguimiento pormenorizado, los mecanismos utilizados para calificar, medir, clasificar y jerarquizar. En última instancia, la necesidad de "normalizar" a los integrantes del cuerpo social.

Biopolítica. Cuando ese poder-saber comienza a organizarse en función de la "administración de la vida", se ingresa en el ámbito de lo que el autor denomina la biopolítica. Probablemente, éste sea el concepto que menos llegó a desarrollar (fue recuperado por pensadores contemporáneos, como Giorgio Agamben), y está ligado al momento en que la sociedad occidental descubre que también le es posible medir, administrar, controlar e incidir en los procesos vitales. Si inicialmente los cuerpos fueron entendidos como máquinas (a las que había que educar, disciplinar y corregir), luego pasaron a ser considerados "cuerpos-especie" que serían regulados en términos biológicos (natalidad, longevidad, salud, asunción de la sexualidad). Muchos pensadores señalan que, si bien ya no vivimos en el marco de la sociedad disciplinaria, algunos de sus dispositivos se han actualizado, como los sistemas de vigilancia que hoy atraviesan lo digital y el imperio de la imagen. Desde esta perspectiva -deudora del pensamiento de Foucault-, estaríamos entrando en el modelo de las "sociedades de control", donde la capilaridad del poder ya no estaría regida por lo disciplinario, sino por instancias más sutiles, como la seducción, el hedonismo, el consumo o, incluso, las biotecnologías.