domingo, 1 de mayo de 2016

Laudato SI, de San Isidro, de localidad


Desde su publicación me quedó pendiente escribir sobre un capítulo fundamental en la Carta Encíclica Laudato SI, sobre el cuidado de la casa común: el de la Ecología Integral.
Hemos escrito en algunos espacios sobre otros aspectos abordados por la encíclica, pero ahora que ya se anunció la salida de un nuevo documento sobre la alegría del amor familiar, antes de que sea barrido por la novedad quisiera dejar asentado en Senderos a la Tierra Prometida la mirada del Santo Padre sobre la necesaria planificación urbana y ambiental.
Dado que "la ecología estudia las relaciones entre organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan" (138), es que ingresa en la relación del hombre con su entorno citadino. "No se trata de destruir y de crear nuevas ciudades supuestamente más ecológicas, donde no siempre se vuelva deseable vivir. Hace falta incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original" (143). "La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción  puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas" (145).
Llama "ecología de la vida cotidiana" al impacto en la calidad de vida humana derivada del entorno ambiental; a los escenarios que "influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y de actuar" (147). Estos ambientes generan una valiosa identificación.
También se refiere a los que habitan lugares muy carenciados, a los que son víctimas de organizaciones criminales y a los que viven en condiciones de hacinamiento. "Muchas personas en esas condiciones son capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo" (149).
"Quienes diseñan edificios, barrios, espacios público y ciudades necesitan del aporte de diversas disciplinas que permitan entender los procesos, el simbolismo y los comportamientos de las personas. No basta la búsqueda de la belleza en el diseño, porque más valioso es el servicio a otra belleza: la calidad de vida de las personas, su adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua (150). En este punto se refiere a la necesidad de completar el análisis del planeamiento urbano.
"Hace falta cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de dentro de la ciudad que nos contiene y nos une. Es importante que las diferentes partes de una ciudad etén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión de conjunto, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás" (151).
Luego aborda la cuestión del déficit habitacional (152), y las dificultades e incomodidades derivadas del transporte (153).
Denuncia "el estado de abandono y olvido que sufren también algunos habitantes de zonas rurales, donde no llegan los servicios escenciales y hay trabajadores reducidos a situaciones de esclavitud, sin derechos ni expectativas de una vida más digna" (154).
Tanto el resto del documento como la totalidad de la encíclica no tienen desperdicio. Esta es la carta política del Papa. Es acá en donde habla del proyecto sugestivo de vida comunitaria.+