jueves, 23 de febrero de 2017

María se la banca

Imágenes integradas 1
Soy María Feldtmann, casada con Hernán Maurette y tenemos cuatro hijos. Soy politóloga (UCA) y trabajé en el sector público y privado. Desde 2001, cuando fundamos ConVocación que participo en la vida pública de San Isidro. Creo en la participación política como una expresión natural de la vida familiar y San Isidro como la extensión de mi casa. Todos sabemos que queremos para nuestras casas: una administración clara y transparente de los recursos, el cuidado del ambiente, el cumplimiento de normas que contribuyan a una mejor convivencia, el desarrollo inclusivo de los más necesitados, y la celebración de la vida en común. Son los ejes sobre los que me propongo trabajar como concejal.

domingo, 12 de febrero de 2017

La vigencia de la democracia republicana

Foto: m24digital.com
La muerte de Tzavetán Teodorov (1939-2017) pone nuevamente en el tapete algo que subyace debajo de todos los sucesos políticos contemporáneos: la vigencia de la democracia republicana.
Como sistema de gobierno de las mayorías, no sufre problema alguno. Al contrario, las masas que se imponen se desindividualizan al punto de perder visibilidad de la humanidad de cada persona.
Teodorov decía que el sistema debía armonizar entre valores. Parafaseándolo en parte, también creo que en política uno siempre está optando por más igualdad, más libertad o mayor progreso, y que eso suele tener consecuencias indeseables, tales como el populismo, la anomia y la injusticia.
Vivimos una etapa de liberalismo. A falta de igualdad  de crecimiento, el mundo experimenta una contraoferta de libertades excesivas. Pero la libertad suele desmerecer a la construcción del espacio común.
Quienes protestaban en el "tetazo", en el Obelisco hace unos pocos días, ¿no tenían otros reclamos más importantes? Cortaron 9 de julio del lado oeste con lo que obstaculizaban el regreso de los trabajadores a sus hogares en el sur del conburbano. ¿Se justificaba semejante malestar, que se suma diariamente a tantas protestas minoritarias?
La gente de las grandes ciudades, paradójicamente, se rodea de gente al punto de perder de vista al conjunto; vive como si estuviera sola, aislada de los problemas de los demás. Hay que ver lo que dispuso el gobierno porteño en los últimos días: más unidades veterinarias para el cuidado de mascotas. ¿Es que ya no queda gente necesitada de cuidados en Buenos Aires? Y ha dispuesto que los que quieren casarse por civil puedan elegir el escenario: El Teatro Colón, el Rosedal, la Usina del Arte, y consultan si quisieran algún otro. Se ha perdido de vista la importancia estratégica del sentido religioso de las sociedades. Si la gente quiere pasto, se les da pasto que por más que se parezca a la lechuga; hay que advertirles que no es lo mismo antes de que se lo coman.
La política y, consecuentemente, el Estado se han vaciado del concurso de la población. Necesitan la aprobación de la sociedad para seguir gobernando y lo hacen de cualquier forma.
La dirigencia dejó de conducir e intenta congraciarse con la sociedad a cualquier costo. En lugar de dirigir, la lidera a donde quieran las multisonantes voces sociales. No ofrece un menú, lo confecciona con las encuestas de gente cada vez menos educada.
Hasta que aparece alguien que grita fuerte un par de consignas claras y la gente percibe en él cierta verosimilitud.
No hay que sorprenderse ni rasgarse las vestiduras. Hay que hacerse cargo y participar de la vida púbica, nomás.+

miércoles, 8 de febrero de 2017

República no es democracia

“Hoy la tiranía es de la aprobación populista, de las redes sociales”

El filósofo ha sido la estrella del 60º aniversario del Instituto Goethe

  
El filosofo Rudiger Safransky, en el Instituto Goethe.

BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

Elpais.es, Madrid 7 FEB 2017

La historia ha querido que el nuevo libro de Rüdiger SafranskiTiempo Tusquetsprevé publicarlo en español en marzo—, coincida con una época de cambios, marcada por el miedo y la inseguridad, y que sus ideas nos sirvan como un manual de instrucciones para interpretar la era Trump, del Brexit y el ascenso del populismo en el mundo occidental. El filósofo alemán (Rottweil, 1945), célebre biógrafo de Goethe, Schiller o Schopenhauer, ha sido la estrella del 60º aniversario del Instituto Goethe de Madrid, donde ayer habló de Nietszche y de la vigencia del nihilismo espiritual en el mundo contemporáneo.

Pregunta. San Agustín decía que si nadie le preguntaba sabía lo que era el tiempo, pero si se lo preguntaban, no. ¿Qué es para usted el tiempo?

Respuesta. Me pasa como a san Agustín. Lo que me interesa muchísimo es hablar de la diferencia entre el tiempo subjetivo y el que somos capaces de medir, es decir, la hora.

P. En su libro dibuja el estado de aburrimiento como el punto de partida y oportunidad. ¿Es necesario aburrirse?

R. No sé si es necesario, pero nos aburrimos. He comenzado el libro por el aburrimiento porque ahí estás viviendo el tiempo como algo que dura sin ocurrir nada; es una especie de encuentro con el tiempo a secas. Lo suelo describir con una imagen: vivimos una serie de acontecimientos y estos se colocan como si fuesen una cortina por delante del tiempo. Mientras ocurren no eres consciente, pero cuando cesan se abre el telón y, de repente, ahí está el tiempo. Yo siempre recomiendo que, como mínimo, una vez al día estemos completamente quietos, no hagamos nada y prestemos atención al tiempo.

P. ¿Al tiempo interior?

R. Sí, pero también tenemos que definir qué es el tiempo interior. En los cinco minutos que llevamos conversando sobre el tiempo hemos reflexionado sobre él, pero no le hemos prestado ninguna atención, porque si lo hubiéramos hecho no habríamos dicho absolutamente nada.

P. Habla de la simultaneidad global de la comunicación en esta época como una tremenda exigencia para el ser humano. Nos comunicamos en tiempo real, estamos informados de todo lo que ocurre. ¿Estamos ante una mutación cultural?

R. Esta nueva forma de telecomunicación marca una cesura muy importante en la historia de la humanidad y mucha gente no es consciente de lo enorme que es. Ahora mismo todos sabemos lo que está ocurriendo en cualquier parte en tiempo real y eso nunca lo había conocido la humanidad. Hasta el siglo XIX, la humanidad ha vivido en un modo de retraso. Carlos V daba una orden para Sudamérica que probablemente tardaba medio año en hacer llegar y otro medio en saber si se había ejecutado. Hoy, Trump publica un tuit y la Bolsa cae inmediatamente. Supone un gran reto para la percepción del ser humano, porque somos habitantes globales de un planeta global gracias a estas redes. Los refugiados no se habrían podido comunicar sin las imágenes, y de ahí el atractivo de este mundo para ellos.

P. Habla también del tiempo de comienzo como una oportunidad y hoy precisamente estamos en un nuevo tiempo de comienzo: Trump, Brexit, Le Pen…

R. El tiempo puede generar una preocupación, que es normal cuando se ve un futuro incierto. Vivimos en una sociedad de riesgo y en ella buscamos la máxima seguridad posible. Estamos en una época de profundo cambio. Antes teníamos una democracia con unas instituciones muy claras, separación de poderes, prensa, Parlamento, Ejecutivo… y era un sistema que permitía filtrar y disciplinar en cierto modo a la masa, a esa gente que forma la base de la democracia. Pero hoy es como si estuviésemos en un volcán en erupción porque está moviéndose todo, y ahí surge ese concepto del populismo, que se define a sí mismo como una especie de democracia de base, de Twitter. Creíamos que la división de poderes iba a funcionar y generar un equilibrio que iba a domesticar a Trump, pero ahora vemos que es al revés, que Trump está haciendo todo lo posible para eliminar esta separación de poderes y eso da mucho miedo, porque con su carácter, tiene la capacidad de presionar con un dedo un botón y hacer explotar bombas atómicas. No sabemos si vamos a ser capaces de evitar el uso de armas nucleares a la larga como hemos logrado hasta ahora. Él lo que pretende es eliminar las instituciones tradicionales de la democracia, como la separación de poderes, e introducir el dominio de las redes sociales. Son las redes las que están al mando y eso es tremendamente moderno. Estamos viviendo el desenfreno de la comunicación.

P. ¿Y qué ha fallado para que este populismo esté triunfando? ¿La democracia, la globalización?

R. En cada país es diferente. El Brexit se debe en gran parte a los miedos que tiene una gran parte de la población británica de recibir demasiada inmigración de la Unión Europea. En Francia, el gran enfado lo provoca la política europea, y de eso se aprovecha Le Pen. La política europea está obstaculizando una evolución económica positiva, dicen los franceses, que además se sienten en una situación de guerra civil por los ataques islamistas. Le Pen es la respuesta errónea a esos desafíos, pero Francia se encuentra en una situación muy problemática que no se había vivido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

P. ¿Hay peligro de tiranía?

R. No una tiranía en el sentido medieval; es una especie de tiranía que se nutre del caldo de cultivo que se produce en la masa y de ahí de nuevo el papel de las redes sociales. Esa tiranía está enmarcada en una especie de aprobación populista, la masa que apoya a una determinada persona. En Polonia o Hungría por ejemplo, se está reduciendo y eliminando poco a poco la democracia, pero con el enorme apoyo de una mayoría. La palabra democracia suena muy bien, pero lo decisivo es el Estado de derecho, la separación de poderes. Hitler llegó al poder democráticamente, apoyado por una gran mayoría, pero el que alguien sea elegido por mayoría no es lo bueno; lo bueno es que exista la separación de poderes.

P. ¿Nietzsche y el nihilismo espiritual siguen vigentes en este mundo de hoy?

R. Sí, sí, sigue siendo válido. Es el gran problema que está socavando todo. Una sociedad funciona si tiene un sólido fundamento de valores, y esos valores son normalmente de carácter religioso. Si esos valores se van debilitando, los seres humanos pierden sus raíces espirituales. El islam está en auge porque desde el punto de vista espiritual tiene un fundamento muy fuerte. En Europa en cambio el cristianismo está en retroceso.

viernes, 3 de febrero de 2017

Anomia

Vivimos un estado de anomia. Es algo que sucede cuando las normas que no rigen de hecho, ya sea por desconocimiento, desinterés o por la incapacidad estatal de hacerlas cumplir.

Al menos cuatro episodios recientes fueron elocuentes en este sentido: el fallo de la justicia platense que liberó a los policías cometeros, que demuestra la venalidad o cobardía a la que pueden llegar muy altas magistraturas; el del juez de Necochea que desautorizó a los agentes de policía que hacían cumplir una norma que prohíbe el topless en la playa; otra sentencia judicial, que obligó a los bancos a pagar un aumento salarial que no fue no homologado en el Ministerio de Trabajo, y la condena pública contra los dichos de Juan José Gómez Centurión sobre la guerra antiterrorista, sin mencionar los cortes de calles, piquetes y paros sorpresivos de transportes.

El caso de los jueces que liberaron a los ocho comisarios investigados por corrupción, días después de que aparecieran muerto ahorcado en la carcel un noveno sospechoso, es lisa y llanamente desesperanzador, como dijo la gobernadora Vidal.

El aval a las nudistas en Necochea por parte del juez Mario Juliano es otra cosa, porque se trata del presidente de a Asociación de Pensamiento Penal. Los garantistas como él, creen que la ley coarta la libertad y que la libertad por si sola conduce al bien. Los humanistas creemos que el desarrollo de la inteligencia y de la voluntad -o la Gracia divina, cuya tenencia no depende sólo de los hombres-, son elementos fundamentales para que el hombre busque libremente el bien. El y muchos contemporáneos -representados por el pensamiento que expresa diariamente La Nación, como en su edición de hoy- creen que la moralidad es un valor que muda con el tiempo. Es cierto que algo de eso hay. Las modas y valoraciones están atadas a una época que, como sabemos, en nuestro caso se encuentra en plena mutación. Pero no cambia es el pudor, que es un sentimiento vinculado con la privacidad de las personas. La libertad de uno no debería invadir la privacidad de las otras personas. Forzar una situación sin un previo debate comunitario o social -propio del proceso legislativo, parlamentario-, es violentar a los vecinos y, consecuentemente, a mi juicio, atentar contra el bien común.

La discusión en torno de la guerra antiterrorista de los 70 también es otra cuestión. Hay algo que no se pone en el tapete: las Fuerzas Armadas y de seguridad son instrumentos que ejecutan el monopolio legítimo de la fuerza, que es potestad del Estado. Están sujetos al cumplimiento de la ley, como todos los ciudadanos. Pero el tema ha tornado a discusiones disparatadas. Desde ya que se condena un golpe de Estado. No merece discusión. Pero los legalistas tenemos que considerar que en los 70 hubo organizaciones que quisieron desconocer el resultado de las urnas y decidieron dar una revolución armada y que las mencionadas fuerzas militares y policiales intentaron evitar. si bien es monstruoso cometer delitos utilizando el aparato estatal, no lo es menos hacerlo fuera del mismo. Los crímenes de esa época fueron horribles de uno y de otro lado. Pero no nos equivoquemos: unos protegían la superviviencia de la sociedad argentina organizada en forma de república con su Constitución y todo -insisto en que el Golpe sí es condenable, pero no la acción de las Fuerzas Armadas y de seguridad, siempre que respeten la ley-, y los otros procuraban un proyecto internacionalista con eje en Cuba y la Unión Soviética, a fuego y metralla. La forma en que se produce el debate invierte los términos: los que deben demostrar inocencia son los custodios del orden, mientras que los que lo desafiaron son objeto de veneración.

El juez que desconoce la autoridad del Ministerio de Trabajo para homologar un acuerdo salarial de hecho está legislando , lo que provoca un indeseable choque de poderes cuya gravedad no se justifica de ningún modo en una discusión salarial.

Los que paran o cortan una ruta, contradiciendo un principio constitucional elemental, no merecen tanta consideración, porque ellos no la están teniendo con los damnificados. Lo que prima es el efecto mediático de la represión, no la protección de los derechos individuales, ni el bien común ni el imperio de la ley.+)

Anexo Documental:

Estas son las declaraciones de Juan José Gómez Centurión:

Se puede escuchar una entrevista esclarecedora a Ceferino Reato sobre las expresiones de Juan José Gómez Centurión haciendo click acá.