Organicémonos


No es necesario ser gobierno para transformar una ciudad.
Lo que hace falta es sumar voluntades. De haber acuerdos, difícilmente el municipio obstaculice iniciativas que colaboran con el bien común, especialmente si no le cuestan dinero.
Por eso creo que la transformación de San Isidro debe ser planificada.
Si queremos que nuestro distrito sea el jardín circundante de nuestra casa debemos alinear los esfuerzos individuales de los comerciantes y emprendedores, y asociarlos a los deseos de la sociedad. Hay que organizar reuniones o foros con una dinámica conducente para poner esos elementos en común, y obtener conclusiones al respecto.
Es menester observar lo que la gente valora y privilegia, favorecerlo y promoverlo.
Los centros comerciales y de servicios en San Isidro, Martínez, Juan Segundo Fernandez y Fondo de la Legua; el corredor gastronómico y deportivo de Unidad Nacional; los espectáculos públicos en el Hipódromo; las ferias; la hotelería; la reserva ecológica; los clubes náuticos y deportivos, el futuro ecopuerto, la parada pública de las lanchas de Sturla y la movida del Bajo y de la Costa, son todas acciones que suceden a cielo abierto, favorecidas por un entorno que se destaca más en algunas épocas del año que en otras. También hay que considerar el impacto de los shoppings, como Unicenter, Soleil y Easy, con su dinámica de autopista.
Es notable la respuesta de los turistas (argentinos, en general; porteños y extranjeros) a la promoción comercial. Lo hemos visto con las exposiciones de autos antiguos, de arte, en el Lolapalloozza, los grandes premios de la hípica; los que se acercan los domingos a practicar deporte, los que vienen a disfrutar los fines de semana en el río, la afluencia a nuestra oferta gastronómica; la movida cultural que se acerca a la Villa Ocampo, o al Museo Pueyrredon o a la Quinta Los Ombúes; los jóvenes que asisten a la Pascua Joven... todas esas son experiencias que San Isidro debe conocer, organizar, facilitar y amortigüar el impacto sobre los residentes, para que la llegada desde el puerto o desde una estación esté articulada con una parada de bicis o de taxis, con un sendero acondicionado y señalizado en forma estática o virtual para que permita una sana caminata al aire libre. Habrá que identificar las fiestas que atraen natural o tradicionalmente al público para que la demanda esté adecuada a la oferta y que tanto los turistas como los sanisidrenses podamos disfrutar a pocas cuadras de nuestra casa de eventos que antes eran privativos de Buenos Aires.
Habrá que asegurarse de cuidar este gran parque público que es nuestra ciudad asegurándonos que la poda arbórea se haga en tiempo y en forma; que todas las calles estén iluminadas con farolas bajas de LED; preservar la barranca, tanto en su aspecto como en esa paz que permite la existencia de la biodiversidad costera y su comunicación con otros biomas; el establecimiento de paradas públicas, sean aeróbicas o de descanso, y baños públicos en parques y lugares públicos; bicisendas y senderos aeróbicos, etc.
También hay actores que pueden ser críticos a la hora de transformar el entorno. El Jockey Club tiene un bosque diseñado por Benito Carrasco que podría beneficiar a la población que acude a realizar su entrenamiento y que podría ofrecer una mejor conexión con el centro histórico de San Isidro si el club pudiera disponer a cambio de algunas propiedades que hoy no aprovecha, tal el caso de la Villa Hípica, que linda con un pujante centro comercial que se encuentra limitado por su natural extensión geográfica y por la falta de estacionamiento. La paulatina disminución de la actividad hípica podría ofrecer grandes beneficios a los vecinos, transeúntes y visitantes de San Isidro, de modo de que el Jockey pueda concentrar sus esfuerzos en sus principales actividades. Pero esto se debe conversar con todos los actores comprometidos, de tal manera de que también se asegure a los bonaerenses la subsistencia de este maravilloso espacio verde que constituye uno de los principales pulmones urbanos.
Volviendo a la cuestión comercial, y pensando nomás en los próximos días, tengamos presentes el modo de acompañar a las colectividades que viven en nuestras localidades, tales como españoles e italianos, para honrar a sus países de origen el 12 de octubre, y a los vecinos de los países vecinos hermanados por este mismo acontecimiento cultural que fue el descubrimiento de América; ver el modo de acompañar a los judíos en el festejo del año nuevo (29 y 30 de septiembre); saludar a nuestros nuevos inmigrantes chinos por el 80 aniversario de la República Popular China (1 de octubre); a los amantes de la ecología a festejar la primavera en la Reserva Costera (21 de septiembre); a los de la música, en o con la comunidad del Conservatorio Juan José Castro (22 de noviembre); a los de la tradición, con una gran peña, asado y jineteada en El Lazo (10 de noviembre); a las madres (20 de octubre); a los alemanes, en el club austríaco, con un Oktoberfest.
Hay que incentivar a los emprendedores para que se asocien a estas iniciativas comerciales. Por ejemplo Sturla podría realizar viajes a San Isidro en banda negativa; es decir, que las lanchas que vienen a buscar gente que va al centro traiga turistas que aprovechen una parada de bicis para realizar un itinerario previamente establecido, alguna competencia oportunamente organizada o visiten la cercana Reserva Costera; o que vengan a hacer o a aprender deportes náuticos en Perú Beach, lo que vengan a almorzar y disfrutar de los paseos mencionados. Habrá que asesorarse con las Guías de Turismo para delinear los mejores circuitos.
Hay que volver a honrar las fiestas patronales para convertirlas en verdaderas fiestas populares, como supieron ser en el pasado: San Isidro Labrador, San Pedro y San Pablo, Fátima, Luján, Santa Rita, etc. Hay que apuntar a grupos específicos de interesados y facilitar su llegada para favorecer el desarrollo comercial y territorial de nuestro distrito. Eso es lo que la política puede hacer. Para eso no necesita ser gobierno, alcanza con tener vocación de servicio.+