La relegitimación de la política
Nadie dudaría en pensar en que los políticos son todos chorros e inútiles. Según las encuestas, la valoración de las instituciones republicanas caen en las mediciones. No sólo la del Congreso; también la de la justicia y de la prensa. Digamoslo: la de la casta.
La Real Academia Española entiende por casta al "grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.".
En los tiempos actuales se entiende por casta a lo que antes se llaman estamentos intermedios o representantes.
Porque la representación, desde el advenimiento de la tecnología de las comunicaciones y de la información, perdió su antigua significación.
En teoría, ahora cualquiera puede acceder a otra persona, por más lejana que parezca, mediante las redes.
Ya en 1985, Sweater cantaba "El anda diciendo que vos/ Eras su alegría/ El anda sintiendo/ Él anda gimiendo su amor/ A plena luz del día (...) Lo más extraño es que él/ Ni siquiera te conoció/ Y quizás esté a tu lado".
Esta extraña sensación que nos hacen sentir las telecomunicaciones producen en la política un deterioro similar al que experimentara Miguel Zavaleta al escribir esa maravillosa canción.
Pero la buena noticia es que tiene un remedio: la relación interpersonal, el contacto directo, el encuentro. Claro que eso es imposible en determinado nivel de escalas. Los más de 3.100 habitantes que tiene la Ciudad de Buenos Aires son un primer escalón imposible de alcanzar para la escala humana. Pero tampoco lo son las comunas, que van de 160 a 260 mil habitantes. Ni San Isidro, con sus casi 300 mil habitantes. Ni qué decir La Matanza (1.776 mil) o Mar del Plata (667 mil).
Y la mala noticia no es para la gente sino para los políticos: la solución del problema de la legitimización de la política vendrá de la desfragmentación territorial. No hablo de aumentar el costo político sino que, al contrario, de llevar la representación política de base al nivel en el cual esta actividad se realiza en forma honorífica, ad honorem (por el honor).
Un consorcio de departamentos, un barrio cerrado, un club social y/o deportivo, una asociación profesional o sindical, por mencionar algunos, pueden tener miles de integrantes.
Yendo al caso que conozco, San Isidro, puedo asegurar que los 59 mil habitantes de la ciudad de Beccar tampoco lo son; principalmente, porque el diseño territorial fue arbitrario y no responde a una comunidad sino que se diseñó para equiparar a niveles sociales diferentes en una misma unidad política; ergo, se procuró lo contrario, una disociación interna.
En este formato propuesto, estas unidades políticas deben tener su correlato administrativo -pago, naturalmente- a partir de la división de la estructura actual de los partidos bonaerenses. Porque este es un problema fundamentalmente a nivel del AMBA.
Pero, al mismo tiempo, estas unidades -cuya dimensión habrá que analizar oportunamente, pero que no pueden ser 50 mil habitantes- deben reportar a una instancia inmediata mayor pero, a su vez, menor que la provincia de Buenos Aires.
En el caso de San Isidro, esa instancia sería la Región Metropolitana Norte, que tiene aproximadamente 1,200 habitantes, e incluye a Vicente López, San Isidro, San Fernando y Tigre.
Esa dimensión tiene problemas para su escala que los partidos actualmente no resuelven: el FFCC Mitre, el Belgrano, la autopista del Sol, la Costa, la barranca; además, es una dimensión más lógicamente zonificable, porque el mayor espacio ayuda en ese sentido a resolver algunass estrecheces.
Esa instancia, a mi juicio, debería ser el primer escalón de la representación política profesional, como segunda instancia de los tres poderes; porque la Justicia también podría resolver los problemas con una autoridad de carácter honorable, como sucede en los clubes o en los colegios profesionales.
No quiero entrar en detalles que sólo entorpeceerían la comprensión de la propuesta que me limito a presentar.+
