Inesperado conflicto entre Iglesia y delincuencia
Transcribo una interesante nota publicada hoy en Perfil sobre los reiterados robos a Iglesias. Especialmente por la denuncia de uno de los curas respecto de la íntima relación entre bandas y policías que, como recordarán, ya sugiriera Javier Auyero en la presentación sobre Violencia Social realizada en RAP.
SIN PAZ
Los sacerdotes víctimas de robos exigen más seguridad
Fueron asaltados en las últimos meses. Algunos colocaron rejas y alarmas. El padre Luis eligió otro camino: cambió de iglesia por los robos y anoche dio su última misa.
NUESTRA SEÑORA DE LUJAN (Berazategui) Es una de las iglesias más afectadas: según el padre Quique en los últimos cuatro meses les robaron siete veces.
Un Cristo mira, los ladrones actúan. Desgraciadamente los robos a iglesias se están convirtiendo en un fenómeno cada vez más frecuente: en cuatro semanas tres parroquias fueron “visitadas” y hace apenas siete días un sacerdote de Quilmes fue desfigurado a golpes en medio de un asalto, en uno de los casos más graves de los últimos meses. “La inseguridad es un problema de todos. Como asaltan a la gente, también lo hacen con las iglesias. Nosotros no estamos exentos”, coinciden los curas consultados por PERFIL.
El domingo pasado golpearon la puerta en la iglesia San Juan Bosco, de Quilmes, y el padre Benjamín Stochetti, de 75 años, decidió abrir sin imaginar que estaba a punto de caer en una trampa. Un joven desencajado le exigió plata, pero el sacerdote contrarrestó el pedido ofreciéndole comida. De nada sirvió porque el ladrón lo golpeó y le partió una maceta en la cabeza. “Conseguir plata para los consumidores de paco es una necesidad imperiosa, por eso la saña con la que atacaron al padre. El paco les quita la capacidad de razonamiento y no controlan la violencia”, explica Daniel Romanín, uno de los dos salesianos que vive con el padre Benjamín en la casa parroquial.
El cura estuvo inconsciente poco más de una hora. Nuevos golpes a la puerta lo sacaron de ese estado. Palpando las paredes y gateando pidió auxilio. Quedó en terapia intensiva con un fuerte hematoma en la cara. “Hoy –por ayer– le dieron el alta pero todavía está muy débil y mareado. Hay que rezar por él”, pide Romanín.
El cura estuvo inconsciente poco más de una hora. Nuevos golpes a la puerta lo sacaron de ese estado. Palpando las paredes y gateando pidió auxilio. Quedó en terapia intensiva con un fuerte hematoma en la cara. “Hoy –por ayer– le dieron el alta pero todavía está muy débil y mareado. Hay que rezar por él”, pide Romanín.
Más casos. El 14 de agosto robaron diez mil pesos de la parroquia San Antonio de Padua, en la localidad mendocina de San Rafael, destinada a la colecta de Cáritas. Dos días después asaltaron una iglesia en Gerli, y a la semana siguiente robaron hasta un Cristo de una de Berazategui. Estos son sólo algunos de los robos, que ya dejaron de ser aislados. “Muchas iglesias tienen un compromiso con los pobres y programas para sacarlos de las drogas y eso molesta, en ese contexto se puede entender esta situación”, opina el padre Luis, de Gerli, quien anoche ofició su última misa, cansado de sufrir robos (ver aparte). “Se perdió el respeto por el otro y por las instituciones. Las iglesias están dentro de una sociedad en donde la problemática de la inseguridad afecta a todos”, destaca el padre Rodolfo Arroyo, a cargo de la iglesia Buen Pastor del barrio porteño de Caballito. “La gente trata de coordinar para salir de misa acompañada”, cuenta el padre Quique, de Berazategui.
Por los robos varias iglesias modificaron sus hábitos. “Cerramos de 12 a 16. Nos da un poco de tristeza reducir la franja horaria para que la gente pueda rezar pero nos sale más barato poner alarmas y cámaras a que nos sigan robando”, explica. La misma metodología implementó el padre Rodolfo: “Entraron y nos robaron 4 mil pesos. Ahora cerramos la parroquia en el horario de la siesta, pusimos alarmas y más rejas”.
La iglesia Patrocinio San José, en Recoleta, fue un poco más allá y contrató seguridad privada. “También abrimos las puertas para que los vecinos se reúnan y debatan qué hacer contra la inseguridad. Se organizan y arman el mapa del delito”, sostiene el padre Julio Torres.
Sin duda esta seguidilla de robos modificó las prácticas cotidianas de muchos fieles. Ahora, hasta las puertas de la casa de Dios tienen horario, rejas y alarmas.
EL CURA QUE DIJO BASTA
"Son mafias asociadas a la Policía"
“Me siento desgarrado por esta situación”. Después de cuatro años al frente de la iglesia San Antonio de Padua, en Gerli, el padre Luis Domínguez dice adiós. Una seguidilla de robos a la parroquia adelantaron su partida: “Entendimos los mensajes, no somos tontos”.
“Me da mucho dolor irme pero tenemos la satisfacción de que algo ha cambiado entre los vecinos, ahora están involucrados con el barrio. Sólo les pido que sigan trabajando como hasta hoy”, dice el padre a PERFIL.
La iglesia tiene un récord desalentador: seis robos en 15 días. El último fue el 10 de agosto cuando ingresaron a la Casa del Niño donde había nenes de entre 3 y 9 años: “Les sacaron las mochilitas y atacaron a las maestras. Es inadmisible”, se queja el padre. La seguidilla comenzó en junio del año pasado, ahí delincuentes sorprendieron a Dominguez en la casa parroquial y lo golpearon hasta tirarlo al suelo. Le robaron todo lo que pudieron.
El padre asegura que “mafias” están detrás de los robos. “Hay un grupo de personas que se presenta como cooperadora policial y está cobrando una tasa de seguridad de cincuenta pesos. La Policía dice desconocer eso pero lo cobran con los móviles de la municipalidad. Esta iglesia no pagó esa tasa, con eso digo todo...”, alerta. “No somos tontos, entendemos perfectamente el lenguaje. Son mafias asociadas a la Policía pero con complicidad del poder político. Creo que las iglesias que trabajan con los pobres e intentan sacarlos de las drogas, molestan.”
Anoche, el padre Luis dio su última misa en Gerli y se despidió de su gente, que después lo acompañó en micros hasta su nueva Iglesia, en Wilde.

