Ambiente, infraestructura y éxodo rural
Por Prof. Horacio Miguel Lenz
La Argentina es un país extenso de variados paisajes naturales, con una
vegetación natural que fue siendo modificada por la actividad humana a medida
que el territorio se fue ocupando por una población de base migratoria.
Nuestro País está ubicado en el cono sur del continente y se asienta sobre tres
conformaciones geomorfológicas: 1) al Oeste el sinclinal andino (Cordillera de
Los Andes), Sierras Subandinas y Sierras Pampeanas; 2) al Este el Macizo
de Brasilia; y 3) al Sur el Macizo Patagónico. Entre ese trípode quedo un espacio deprimido que se fue llenando de sedimentos
acumulados en pila, y que a lo largo de los tiempos geológicos conformó lo que
hoy se denomina la llanura chaco-pampeana, superficie de más de un millón de
kilómetros cuadrados que se proyecta en cuanto a su extensión hasta el Paraguay
y el Brasil.
Esta planicie sedimentaria va disminuyendo en altitud de Oeste a Este y es
surcada por una red hidrográfica escasa, pero que contiene unas de las cuencas
de agua dulce más importantes y voluminosas del planeta con sus 3,2 millones de
km2: la Cuenca del Plata. La llanura tiene variantes suaves, suelos planos con
cursos de agua con meandros y aguas estancadas e impedidas de drenar hacia el
Océano Atlántico no solo por la tenue pendiente, sino también porque el borde
costero sobre-elevado y con una prolongada líneas de dunas actúa como dique
natural.
Esta situación de escaso drenaje de las aguas superficiales, más el ciclo de lluvias
que van aumentando de Oeste (400 mm) a Este (1000 mm), genera, en gran
medida, las dificultades que venimos atravesando desde hace tiempo con
las inundaciones, que se manifiestan con desbordes de ríos o lagunas cuyas
cuencas no pueden contener, por el escaso escurrimiento, el total de agua caída,
en especial cuando cae en un lapso de tiempo muy corto y en forma de chubasco
intenso.
Además, la región de la Llanura Pampeana es un área que a partir de la
ocupación del territorio tiene una continuidad poblacional con escasos espacios
vacíos, y la actividad del hombre ha impactado e impacta en las modificaciones
ambientales. Las zonas extrapampeanas cuentan con el 25% de los caudales de
aguas superficiales y el 67% del territorio y se fueron integrando de modo desigual
a la economía del país a partir de oasis de desarrollos sin continuidad poblacional
en la ocupación del espacio.
ocupación del territorio tiene una continuidad poblacional con escasos espacios
vacíos, y la actividad del hombre ha impactado e impacta en las modificaciones
ambientales. Las zonas extrapampeanas cuentan con el 25% de los caudales de
aguas superficiales y el 67% del territorio y se fueron integrando de modo desigual
a la economía del país a partir de oasis de desarrollos sin continuidad poblacional
en la ocupación del espacio.
A estos hechos descriptos en los últimos años se sumó un nuevo elemento que
fue la incorporación al sistema productivo la siembra directa y los transgénicos en
las semillas, lo cual evita -para bien- la erosión eólica e hídrica, pero perjudica la
permeabilidad del suelo, contribuyendo así a las inundaciones con mayor facilidad.
El resultado de estas dificultades se está viviendo hoy con varias provincias
atravesando problemas de carácter hídrico, debido a desbordes de ríos por
aumento de lluvias de verano o descongelamientos de ríos de montañas en sus
nacientes del mismo periodo estival y la falta de áreas aliviadoras que sirvan de
contención para sobrantes hídricos en periodos críticos. Buenos Aires, Santa Fe,
Catamarca, Misiones, Chubut, Tucumán, La Pampa, Salta, Jujuy y Corrientes
fueron declarados en emergencia hídrica por 180 días por el Senado y la Cámara
de Diputados de la Nación, y por ahora falta la promulgación por parte del Poder
Ejecutivo Nacional.
La situación geomorfología detallada, junto a modificaciones mínimas de los
regímenes de lluvia, el uso del suelo de modo intensivo, el desmonte de boques
nativos sin reforestación y, en la Patagonia, la combinación de lluvias de
chubascos en suelos sin tapiz vegetal, constituyen un conjunto de razones que
afectan el desarrollo de actividades económicas que perjudican la vida de la
población que, en el mejor de los casos, tiene como horizonte más conveniente:
comenzar de nuevo.
Los caracteres de perfil geomorfológicos combinados con aspectos climáticos y
una falta de planificación de carácter espacial, generan invariablemente un éxodo
de las zonas rurales hacia centros urbanos: la población rural disminuyo del
17% en 1980 al 11% en la actualidad. Además, a mediados de la década del ‘90
los avances tecnológicos en la producción granaría redujeron drásticamente el
tiempo de trabajo directo por hectáreas y limitaron la duración de las labores
agrícolas a unas pocas semanas al año, e incluso a unos pocos días cuando la
extensión de la explotación es pequeña, lo cual hizo menos necesaria la
proximidad entre el lugar de residencia de los trabajadores agrícolas y el lugar de
trabajo. Estos cambios en la producción agropecuaria, el avance tecnológico y la
retracción de la explotación familiar tienen como correlato el abandono de amplias
zonas rurales por parte de la población.
Desde fines del siglo XIX, los procesos migratorios de ocupación del territorio
estuvieron sostenidos por la creación y ampliación de la red ferroviaria así como la
incorporación de nuestro país al comercio mundial. La red de casi 10 km en 1857,
alcanzó los 38.122 km en 1930, cuando transportaba más de 34 millones de
toneladas. En la década del ‘40 la red ferroviaria alcanzó los 42.500 kilómetros,
logrando transportar 45 millones de toneladas. A partir de la década del ‘60 el
ferrocarril no solo comenzó a perder volumen de carga, sino que experimentó un
deterioro progresivo en el estado de la red y el material rodante. Hoy el ferrocarril
mueve no más del 5% de la carga total.
Esta disminución de la capacidad de carga se trasladó en un gran porcentaje al
transporte de vial, congestionando el sistema, retrasando el comercio,
contaminando el medio ambiente y aumentando la siniestralidad. Este modelo de
disminución de injerencia de la red ferroviaria en el comercio interior produjo
también un importante éxodo rural y la desaparición de más de 200 poblaciones
chicas en la pampa húmeda.
El avance tecnológico como un elemento potenciador de la productividad es
también causante de la migración poblacional de zonas rurales a los grandes
centros urbanos. Y si en nuestro país le agregamos una red de comunicación y
transporte deficiente por falta de inversión, los conflictos de concentración
demográfica, por carencia de oportunidades, se aceleran desplazando un
gran número de poblaciones a espacios restrictivos en ofertas de bienestar.
Para comenzar a resolver esta compleja situación, se torna necesario abordar las
dificultades ambientales y económicas con un plan donde se ponga el centro en
una política de estabilidad poblacional en una primera etapa, para pasar luego a
una política demográfica de ocupación del territorio de modo equilibrado y
tendiendo a desarrollar áreas con balances humanos y ambientales más
sostenibles.
Argentina debe tener un plan estratégico donde el centro sea el hombre. Para
llevarlo adelante hay que combinar una política agrícola con productividad y valor
agregado en origen; una mejora del transporte de carga con complementariedad
nodal; y una visión más amplia de la manejo del agua combinando los canales con
reservorios, que permitan contener el agua dulce en estanques naturales y que a
su vez sean utilizados como fuentes de desarrollo económico a partir de ellos. Se
torna necesario que este trípode debe unir y ser el soporte de una estrategia de
desarrollo donde la Argentina se vincule al mundo a partir de ser un proveedor de
alimentos a escala global. La ocupación del terreno de modo más equilibrado
demográficamente, no solo mejora la calidad de vida de las poblaciones sino que
a su vez mejora las oportunidades de inversión más descentralizada y abre
oportunidades de trabajo en un sector de proyección infinita. La Argentina tiene el
desafío de atender parte importantes de la demanda futura de alimentos de vastas
regiones del planeta. Esta situación exige incrementar la productividad y ampliar la
frontera agrícola transformando estepas desérticas en praderas inducidas e
incorporar estas tierras al sistema de producción.
De esta manera nuestra política internacional a escala regional debe de estar
asociada al concepto bioceánico de comunicación con los océanos Pacífico y
Atlántico. Nuestro País debe potenciar la infraestructura de dos áreas de paso
trasandino: Una por el Paso de Jama para desde ahí, sacar, la producción del
Norte Argentino, Bolivia, Paraguay y Brasil; y el otro en el sur, en el segmento
superior de los Andes Patagónicos para exportar la producción pampeana y
patagónica, permitiendo de la misma manera que la Republica de Chile tenga
ventanas exportables en el Atlántico. Pero ¿Por qué decimos desde un puerto
chileno en la latitud norte de los Andes Patagónicos? La estructura geomorfológicade cordillerana en ese tramo los hace más fácil de atravesar: son dos cordones
paralelas relativamente bajos, con valle longitudinal y surcado por valles
transversales de escasa altitud. Esto beneficia la construcción de pasos
cordilleranos a cielo abierto, bajando costos que evitan los túneles de montaña y
a su vez los hacen más seguros por la dificultad sísmica del área.
Las dos ventanas de exportación desde las plataformas chilenas deben ser un
elemento central en la vinculación estratégica con los hermanos del país
trasandino. Esta debe ser nuestra política regional para Sudamérica, sumando
el Mercosur y la Alianza del Pacifico, configurando una integración continental de
vínculo con los dos océanos y el Mar Caribe. Nuestro espacio continental carente
de conflictos internos interestatales, sin armas nucleares ni carrera
armamentística, se muestra como una zona de paz en una aldea global en
conflicto; en el marco de un occidente sin ideas, confrontativo entre un modelo
capitalista agotado y otro, también de acumulación, que no alcanza a surgir.+)
fue la incorporación al sistema productivo la siembra directa y los transgénicos en
las semillas, lo cual evita -para bien- la erosión eólica e hídrica, pero perjudica la
permeabilidad del suelo, contribuyendo así a las inundaciones con mayor facilidad.
El resultado de estas dificultades se está viviendo hoy con varias provincias
atravesando problemas de carácter hídrico, debido a desbordes de ríos por
aumento de lluvias de verano o descongelamientos de ríos de montañas en sus
nacientes del mismo periodo estival y la falta de áreas aliviadoras que sirvan de
contención para sobrantes hídricos en periodos críticos. Buenos Aires, Santa Fe,
Catamarca, Misiones, Chubut, Tucumán, La Pampa, Salta, Jujuy y Corrientes
fueron declarados en emergencia hídrica por 180 días por el Senado y la Cámara
de Diputados de la Nación, y por ahora falta la promulgación por parte del Poder
Ejecutivo Nacional.
La situación geomorfología detallada, junto a modificaciones mínimas de los
regímenes de lluvia, el uso del suelo de modo intensivo, el desmonte de boques
nativos sin reforestación y, en la Patagonia, la combinación de lluvias de
chubascos en suelos sin tapiz vegetal, constituyen un conjunto de razones que
afectan el desarrollo de actividades económicas que perjudican la vida de la
población que, en el mejor de los casos, tiene como horizonte más conveniente:
comenzar de nuevo.
Los caracteres de perfil geomorfológicos combinados con aspectos climáticos y
una falta de planificación de carácter espacial, generan invariablemente un éxodo
de las zonas rurales hacia centros urbanos: la población rural disminuyo del
17% en 1980 al 11% en la actualidad. Además, a mediados de la década del ‘90
los avances tecnológicos en la producción granaría redujeron drásticamente el
tiempo de trabajo directo por hectáreas y limitaron la duración de las labores
agrícolas a unas pocas semanas al año, e incluso a unos pocos días cuando la
extensión de la explotación es pequeña, lo cual hizo menos necesaria la
proximidad entre el lugar de residencia de los trabajadores agrícolas y el lugar de
trabajo. Estos cambios en la producción agropecuaria, el avance tecnológico y la
retracción de la explotación familiar tienen como correlato el abandono de amplias
zonas rurales por parte de la población.
Desde fines del siglo XIX, los procesos migratorios de ocupación del territorio
estuvieron sostenidos por la creación y ampliación de la red ferroviaria así como la
incorporación de nuestro país al comercio mundial. La red de casi 10 km en 1857,
alcanzó los 38.122 km en 1930, cuando transportaba más de 34 millones de
toneladas. En la década del ‘40 la red ferroviaria alcanzó los 42.500 kilómetros,
logrando transportar 45 millones de toneladas. A partir de la década del ‘60 el
ferrocarril no solo comenzó a perder volumen de carga, sino que experimentó un
deterioro progresivo en el estado de la red y el material rodante. Hoy el ferrocarril
mueve no más del 5% de la carga total.
Esta disminución de la capacidad de carga se trasladó en un gran porcentaje al
transporte de vial, congestionando el sistema, retrasando el comercio,
contaminando el medio ambiente y aumentando la siniestralidad. Este modelo de
disminución de injerencia de la red ferroviaria en el comercio interior produjo
también un importante éxodo rural y la desaparición de más de 200 poblaciones
chicas en la pampa húmeda.
El avance tecnológico como un elemento potenciador de la productividad es
también causante de la migración poblacional de zonas rurales a los grandes
centros urbanos. Y si en nuestro país le agregamos una red de comunicación y
transporte deficiente por falta de inversión, los conflictos de concentración
demográfica, por carencia de oportunidades, se aceleran desplazando un
gran número de poblaciones a espacios restrictivos en ofertas de bienestar.
Para comenzar a resolver esta compleja situación, se torna necesario abordar las
dificultades ambientales y económicas con un plan donde se ponga el centro en
una política de estabilidad poblacional en una primera etapa, para pasar luego a
una política demográfica de ocupación del territorio de modo equilibrado y
tendiendo a desarrollar áreas con balances humanos y ambientales más
sostenibles.
Argentina debe tener un plan estratégico donde el centro sea el hombre. Para
llevarlo adelante hay que combinar una política agrícola con productividad y valor
agregado en origen; una mejora del transporte de carga con complementariedad
nodal; y una visión más amplia de la manejo del agua combinando los canales con
reservorios, que permitan contener el agua dulce en estanques naturales y que a
su vez sean utilizados como fuentes de desarrollo económico a partir de ellos. Se
torna necesario que este trípode debe unir y ser el soporte de una estrategia de
desarrollo donde la Argentina se vincule al mundo a partir de ser un proveedor de
alimentos a escala global. La ocupación del terreno de modo más equilibrado
demográficamente, no solo mejora la calidad de vida de las poblaciones sino que
a su vez mejora las oportunidades de inversión más descentralizada y abre
oportunidades de trabajo en un sector de proyección infinita. La Argentina tiene el
desafío de atender parte importantes de la demanda futura de alimentos de vastas
regiones del planeta. Esta situación exige incrementar la productividad y ampliar la
frontera agrícola transformando estepas desérticas en praderas inducidas e
incorporar estas tierras al sistema de producción.
De esta manera nuestra política internacional a escala regional debe de estar
asociada al concepto bioceánico de comunicación con los océanos Pacífico y
Atlántico. Nuestro País debe potenciar la infraestructura de dos áreas de paso
trasandino: Una por el Paso de Jama para desde ahí, sacar, la producción del
Norte Argentino, Bolivia, Paraguay y Brasil; y el otro en el sur, en el segmento
superior de los Andes Patagónicos para exportar la producción pampeana y
patagónica, permitiendo de la misma manera que la Republica de Chile tenga
ventanas exportables en el Atlántico. Pero ¿Por qué decimos desde un puerto
chileno en la latitud norte de los Andes Patagónicos? La estructura geomorfológicade cordillerana en ese tramo los hace más fácil de atravesar: son dos cordones
paralelas relativamente bajos, con valle longitudinal y surcado por valles
transversales de escasa altitud. Esto beneficia la construcción de pasos
cordilleranos a cielo abierto, bajando costos que evitan los túneles de montaña y
a su vez los hacen más seguros por la dificultad sísmica del área.
Las dos ventanas de exportación desde las plataformas chilenas deben ser un
elemento central en la vinculación estratégica con los hermanos del país
trasandino. Esta debe ser nuestra política regional para Sudamérica, sumando
el Mercosur y la Alianza del Pacifico, configurando una integración continental de
vínculo con los dos océanos y el Mar Caribe. Nuestro espacio continental carente
de conflictos internos interestatales, sin armas nucleares ni carrera
armamentística, se muestra como una zona de paz en una aldea global en
conflicto; en el marco de un occidente sin ideas, confrontativo entre un modelo
capitalista agotado y otro, también de acumulación, que no alcanza a surgir.+)


