La vigencia de la democracia republicana
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Como sistema de gobierno de las mayorías, no sufre problema alguno. Al contrario, las masas que se imponen se desindividualizan al punto de perder visibilidad de la humanidad de cada persona.
Teodorov decía que el sistema debía armonizar entre valores. Parafaseándolo en parte, también creo que en política uno siempre está optando por más igualdad, más libertad o mayor progreso, y que eso suele tener consecuencias indeseables, tales como el populismo, la anomia y la injusticia.
Vivimos una etapa de liberalismo. A falta de igualdad de crecimiento, el mundo experimenta una contraoferta de libertades excesivas. Pero la libertad suele desmerecer a la construcción del espacio común.
Quienes protestaban en el "tetazo", en el Obelisco hace unos pocos días, ¿no tenían otros reclamos más importantes? Cortaron 9 de julio del lado oeste con lo que obstaculizaban el regreso de los trabajadores a sus hogares en el sur del conburbano. ¿Se justificaba semejante malestar, que se suma diariamente a tantas protestas minoritarias?
La gente de las grandes ciudades, paradójicamente, se rodea de gente al punto de perder de vista al conjunto; vive como si estuviera sola, aislada de los problemas de los demás. Hay que ver lo que dispuso el gobierno porteño en los últimos días: más unidades veterinarias para el cuidado de mascotas. ¿Es que ya no queda gente necesitada de cuidados en Buenos Aires? Y ha dispuesto que los que quieren casarse por civil puedan elegir el escenario: El Teatro Colón, el Rosedal, la Usina del Arte, y consultan si quisieran algún otro. Se ha perdido de vista la importancia estratégica del sentido religioso de las sociedades. Si la gente quiere pasto, se les da pasto que por más que se parezca a la lechuga; hay que advertirles que no es lo mismo antes de que se lo coman.
La política y, consecuentemente, el Estado se han vaciado del concurso de la población. Necesitan la aprobación de la sociedad para seguir gobernando y lo hacen de cualquier forma.
La dirigencia dejó de conducir e intenta congraciarse con la sociedad a cualquier costo. En lugar de dirigir, la lidera a donde quieran las multisonantes voces sociales. No ofrece un menú, lo confecciona con las encuestas de gente cada vez menos educada.
Hasta que aparece alguien que grita fuerte un par de consignas claras y la gente percibe en él cierta verosimilitud.
No hay que sorprenderse ni rasgarse las vestiduras. Hay que hacerse cargo y participar de la vida púbica, nomás.+


